Europa por detrás de EEUU y las potencias emergentes en inversión I+D

junio 27th, 2011

FUENTE: Víctor  Romero Valencia (Diario de Mallorca)

La batalla entre las distintas potencias se libra ahora en términos de competitividad, avance tecnológico y capacidad de investigación, desarrollo e innovación. Y en ese asalto, Europa se ha dormido en la última década. Aunque la Unión Europea presenta cifras notables de crecimiento de la inversión total en I+D+i del 50 % entre 1995 y 2008, el resto del mundo hizo mejor aún los deberes. Estados Unidos aumentó su inversión en conocimiento en un 60 % en el mismo período y los cuatro países de Asia más intensivos en este tipo de gasto (Japón, Corea del Sur, Singapur y Taiwán) lo hicieron en un 75 %. Cuatro de las denominadas potencias BRICS (Brasil, Rusia, India y Sudáfrica) en un 145 %.

El salto más espectacular lo dio China, con cifras del 855 % en incremento en gasto en I+D. La consecuencia es que una parte cada vez mayor de las actividades de I+D del mundo se efectuaron fuera de Europa. Así figura negro sobre blanco en el informe sobre la Competitividad de la Innovación en la Unión Europea que acaba de publicar la Comisión Europea. En 2008 (año del estallido de la crisis), menos de un cuarto (24 %) del gasto mundial total en I+D correspondió a la UE. La cifra era del 29 % en 1995. Con esta tendencia, China adelantará a la Unión en 2014 en volumen de gasto en inversión en conocimiento.

Esta circunstancia se produce porque el continente europeo tiene un importante flanco débil: la insuficiencia de la intensidad de gasto en el sector privado empresarial. En este capítulo, la brecha con Estados Unidos y las potencias asiáticas está aumentando. Las empresas de Japón o Corea del Sur invierten dos veces más en conocimiento que las europeas en relación con el Producto Interior Bruto. Dos razones explican esa deficiencia: los sectores manufactureros de alta tecnología de países como Estados Unidos son más importantes que en Europa y además en esta área estos sectores son menos intensivos en I+D.

Las condiciones legales y de mercado de la UE favorecen menos la atracción de inversiones. Esa carencia estructural se paga. “Entre los principales obstáculos que deben superarse están el acceso a la financiación, por ejemplo al capital riesgo, el mayor coste de las patentes en Europa y especialmente para las pequeñas y medianas empresas, y las condiciones marco necesarias para reforzar las actividades empresariales intensivas en conocimientos“, sostiene el informe elaborado por la Comisión.

No es para menos. Solicitar y mantener una patente en Europa supone para una pyme gastar cerca de 168.000 euros en trámites jurídicos para obtener la protección de la propiedad industrial y mantenerla en los 27 Estados miembros. En Estados Unidos una patente similar cuesta apenas 4.000 euros. Esto puede explicar que el número de patentes (entendidas como innovaciones empresariales o públicas destinadas al mercado) registradas por la Oficina Europea de Patentes (OEP) haya disminuido en 2009 en relación con el PIB mientras aumenta en el resto del mundo. “Y lo que es más preocupante —dice el informe— casi la mitad de los Estados miembros no produce patentes en la OEP en absoluto. Por tanto, no es sorprendente que en los Estados Unidos, los ingresos por patentes y licencias procedentes del extranjero sean tres veces mayores que los de Europa, lo cual pone de manifiesto la dificultad de que Europa adquiera un papel principal en los mercados de tecnología”.

Todo esto se produce pese a la paradoja de que la UE es el primer productor del mundo en publicaciones científicas. El continente goza de una excelencia científica, pero pierde terreno en la explotación de resultado y la transferencia de conocimiento al mercado. “El desarrollo del Espacio Europeo de Investigación, las reformas estructurales de los sistemas nacional de I+D, pasadas y en curso, y la profundización del mercado único del conocimiento son factores que contribuyen a la mejora de la excelencia de la ciencia europea. Sin embargo, se requieren otros pasos, especialmente con miras a una protección y gestión de la propiedad intelectual más eficiente en los costes, con el fin de reforzar el liderazgo tecnológico y recuperar el liderazgo en la innovación, siendo el objetivo final asegurar la competitividad, el crecimiento y el empleo futuros de Europa“, recomienda el Ejecutivo comunitario. El estudio apuesta por reforzar el espacio único europeo de innovación o investigación que “todavía está lejos de ser una realidad”, pese al lanzamiento del proyecto en el año 2000.

Asignaturas pendientes

La crisis económica ha golpeado con fuerza las inversiones empresariales en I+D. Algunos estados, como parte de su esfuerzo contracíclico, están manteniendo o aumentando la financiación pública. Pero el informe señala que supone un desafío para los Estados miembros invertir más en conocimiento dentro de las limitaciones presupuestarias actuales. “Los Estados miembros deben restablecer el equilibrio de las finanzas pública, y al mismo tiempo, salvaguardar los recursos de los que se nutrirán la competitividad y el crecimiento futuros invirtiendo en políticas generadoras de crecimiento, como la investigación, la innovación y la educación“.

La UE necesita al menos un millón de nuevos investigadores. Se trata de un aumento que debe beneficiar principalmente a las empresas de los sectores en los que haya una diferencia grande con los Estados Unidos. Debe tenerse en cuenta que para 2020 gran parte de la población activa actualmente dedicada a la investigación se habrá jubilado en 2020, horizonte objetivo de informe. Las deficiencias en los activos investigadores son mayores en el sector privado. Más de la mitad de los investigadores de la UE, el 54 %, trabaja para el sector público frente al 46 % del privado. “Esto es una excepción europea. La proporción de investigadores empleados en el sector privado es mucho mayor en nuestros principales competidores, por ejemplo, 69% en China, 73 % en Japón y 80 % en los Estados Unidos”, sostiene la Comisión Europea.

El ejecutivo comunitario considera imprescindible para el éxito de la unión por la innovación que los Estados miembros “reformen sus sistemas de enseñanza superior con miras a aumentar sustancialmente el número de investigadores e ingenieros disponibles, asegurando, al mismo tiempo, una mejor correspondencia entre sus cualificaciones y las necesidades de las empresas y mejorando el atractivo de la carrera de investigador para los grandes talentos de todo el mundo“.

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